Ángel Gabriel quiere ver al Mesías (episodio 25)

02.02.2021

Lo que fue el proyecto ahora era un conjunto de chozas perdidas en medio de la selva con un solo habitante que seguía viviendo en la cocina comedor apegado a los recuerdos de su madre, a pesar de tener numerosas casas a su disposición, entre ellas la del Jefe que por fuera era una simple vivienda rupestre, pero por dentro era toda una mansión. A ella recurría a trabajar en la computadora y a buscar ciertos alimentos especiales que solamente allí se podían encontrar y aunque pasaba mucho tiempo allí a la hora de dormir volvía al humilde cuarto de su choza que también fue cocina y comedor. Gracias a que Ángel y su madre siempre conversaban acerca de los descubrimientos que ella hacía le había sido fácil al joven encontrar toda la reserva que estaba guardada en el sótano. Los refrigeradores funcionaban bien y todavía quedaba gas para mucho tiempo. El pequeño generador eléctrico en la chorrera del arroyuelo trabajaba muy bien.

El muchacho pasó revista y tenía alimentos para varias personas y para quince o veinte años aproximadamente. Su problema fundamental era la gasolina del avión. Su único contacto en vivo con el mundo exterior era con Pedro el Apóstol. Si buscaba más tribus en los alrededores se quedaría sin combustible mucho más rápido. Urgía acercase a otros humanos. Ya entendía un poco a los de la tribu a través de su único amigo. Ahora estaba lo de la novia y ardía en deseos de tenerla a su lado, pero no sabía de qué manera hacerlo.

Algo confuso al enfrentar conscientemente su situación decidió leer la Biblia en ese momento y postergar para el otro una búsqueda exhaustiva en la computadora para ver si por fin daba con el contenido de la laptop. Tomó la Biblia y la abrió en El evangelio según San Juan. Leyó de arriba abajo todo el libro y lo disfrutó. A partir del capítulo 14 y verso 25 quedó un poco perplejo ¿vendría o no Jesús? Si viniera ¿quiénes los podrían ver? Volvió a releer y comprendió que para ver al Mesías había que ser su discípulo. Si era así pues él se convertiría en alumno y a partir de ahora leería con ahínco la Biblia ¡Él también quería ver Cristo!

Al continuar leyendo llegó a la parte en que el apóstol Pablo habla sobre el amor. Paró la lectura y pensó en Luz del Este Almansa Cuba y las imágenes de los tres vuelos rasantes para verla pasaron por su mente como en una animación. La amaría, estaba seguro que la amaría. Y si la amaba sería digno de ver al Mesías. 

Me gustaría que leyera esta novela de amor y aventura que escribo para ti. He puesto todo mi amor y horas de dedicación pero acepto las criticas o agradezco cualquier otra opinión que puedas escribir en la caja de opiniones que se encuentra más abajo.

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