Ángel Gabriel se convierte en multimillonario (episodio 28)

29.01.2021

Había dejado pendiente la laptop que descubrió al dispararle al candado de la taquilla y por eso fue hasta la casa que había sido del Jefe. Hizo las conexiones como la madre le había dicho e intentando navegar todo estaba normal como en la computadora grande. Como otras veces un mundo desconocido estaba al otro lado de la red aunque no se había atrevido a entrar de lleno en ese espacio. El avión lo había ocupado demasiado y siendo ahora consciente de que debía volar menos para que no se agotara la reserva de gasolina tenía más tiempo para dedicarse a los asuntos de Internet.

Aunque Angelina le había explicado el negocio tremendo que desarrollaban allí y lo que representaba monetariamente Él sólo sabía acerca de lo que era el dinero por las clases que la madre le daba. Jamás había visto un peso colombiano y mucho menos un dólar pero en las seguidillas que aprendía según la improvisada pedagogía de ella Ángel repetía la larga lista de los países del mundo y sus monedas. Su madre también le había explicado para que servía. Ni en la computadora ni en los libros que sacaba prestado del librero del jefe había fotografías de los billetes y monedas, así que era para Gabriel uno de los conceptos abstractos que había asimilado en las lecciones que la madre maestra le impartía.

Se acordó de que no tenía una imagen bien clara de las mujeres en su mente y se le olvidó que esta era la computadora que tenía conexión con la cuenta del banco donde la madre había visto la impresionante cifra, para ella, de mil millones. El dinero podía ser importante pero él quería ver mujeres para poder representarse en su mente a su novia Luz del Este. Escribió en el navegador la palabra mujeres y empezó a tocar sobre las imágenes y verlas a todo color y en grande. Largo rato estuvo en esto y pensando que en verdad las hembras eran la creación más bella de Dios.

Luego cliqueó sobre un ícono de los varios que había en pantalla y efectivamente se abrió en un banco pero pidió la contraseña. Definitivamente, pensó, no podía entrar jamás en la cuenta de esa institución. Así que se dio por vencido y empezó a ver féminas nuevamente. Escribió en el navegador las palabras mujeres bellas y aparecieron muchas estrellas del espectáculo cada una compitiendo en belleza con las otras pero comparaba las imágenes que veía con la de su Luz del Este y le parecía que su novia era más linda.

Mucho tiempo estuvo en esto y decidió entretenerse abriendo los archivos que estaban representados por íconos en la pantalla de la laptop. Obvió el del banco que ya conocía y empezó por el siguiente. Era un catálogo de pinturas. Miró varias imágenes y las encontró bellas. El otro era una guía turística de París y no le interesó para nada. Abrió uno que era un libro electrónico cuyo título era Los Quinientos millones de la Begum escrito por el genial Julio Verne. Este le interesó mucho pues ya había leído veinte mil leguas de viaje submarino y le había gustado. Se propuso volver al otro día para leerlo.

De momento las palabras quinientos millones le trajo como foco de atención en su mente lo del banco. Pensó que si el jefe tenía una cuenta bancaria tan grande y había muerto entonces ese dinero sería de quien lograra entrar en esa cuenta. En realidad no sabía nada de bancos salvo la conversación de aquella noche con Angelina que fue larga y ella le explicó la manera en que funcionaban estas instituciones. Pero Angelina le dijo que las cosas podían haber cambiado mucho teniendo en cuenta todos los años que ella había estado separada de la gran sociedad. También le dijo que con esa cifra se podía comprar todo lo que quisiera. Tuvo que explicarle que cosa era comprar. Recordó el libro Piel de Onagro y se imaginó el dinero como parte de la historia. Si usted tenía un deseo daba algunos billetes por lo que deseaba, otro deseo más billetes hasta que se acababa todo. Cuando le contó esta interpretación creativa de la obra a la madre ella sonrió y le dijo que estaba de acuerdo pero que con los mil millones que el jefe tenía posiblemente nunca se acabara. Con este recuerdo empezó a interesarle lo del banco pero ¿cómo saber la contraseña? Y si obtenía la contraseña cómo obtener el dinero y dónde comprar si él estaba en la selva. De toda forma sería interesante ver lo que había en el banco.

La única forma de saber cómo eran las contraseñas de los bancos posiblemente fuera preguntando directamente a la computadora. Todavía Ángel no sabía nada de las redes sociales. Escribió en el navegador de Google: ¿Dónde puedo hacer una pregunta sobre las contraseñas de un banco? Inmediatamente la computadora le devolvió los enlaces según la interpretación del buscador. Aparecieron varios bancos pero le llamó la atención el enlace a Yahoo repuestas. Alguien había hecho una pregunta parecida y estas eran las respuestas:

Mundo loco: Sinvergüenza, piensa robarle a tus padres.

Apolo: Las contraseña de los bancos casi siempre tienen números y letras, se escriben sin dejar espacios. Pero para entrar en la cuenta bancaria debe tener también el username, o sea, el nombre de usuario.

Martica: El username puede llevar números también.

Lalo: Si quiere te ayudo pero tenemos que compartir el dinero, ja, ja, ja.

Raro: Si está en la computadora del dueño de la cuenta es probable que tenga los correos electrónicos por donde conectarte. Revísalos.

Cucusa: Muchas personas tienen archivos en sus computadoras que son recordatorios para entrar en sus cuentas por si se le olvida. También puede que tengas un correo del banco con el username y entras y le dice que se te olvidó la contraseña y te envían una nueva o te permiten hacer otra.

Cacharro: Si es tu cuenta pues llama al banco por teléfono. Así de fácil es.

Putana: Si va a probar diferentes palabras y números para intentar entrar en una cuenta bancaria cuando entre en una fallida debe esperar un buen rato para hacer la otra prueba porque el banco interpreta como que quieren robar y te bloquea. Lo mejor es hacer una combinación y si no resulta apagar la computadora y esperar. Luego entra otra. Para eso hay que tener paciencia.

Ángel se dio cuenta de que el asunto era todavía más complicado pues era cierto que le pedían dos cosas. Tocó el ícono del banco y efectivamente arriba decía username y abajo password. Esto último él sabía que era la contraseña. De acuerdo con lo que había leído en Yahoo respuestas debía seguir analizando todos los íconos de la pantalla. En realidad él no sabía lo que era un correo electrónico. Abrió varios archivos sin encontrar nada que le sugiriera alguna pista pero un archivo en Word, procesador que ya conocía muy bien por el uso de su laptop, solamente decía: lostarrosdeldiablo. Le llamó la atención pues tenía un número y las palabras estaban unidas. Podía ser el username o la contraseña. Al pasar sobre las palabras se dio cuenta de que era un enlace. Cliqueó y efectivamente lo llevó a otro archivo que decía solamente: 1000proyectohumanitario

Las palabras en color azul le indicaban que era otro enlace. Cliqueó sobre las letras y la computadora estuvo un rato buscando hasta que se abrió una página que también pedía la contraseña. Se sintió defraudado ¿cómo iba a encontrar esa contraseña si él no era adivino? Cerró todo los enlaces abiertos y entonces miró los íconos. Abrió el de la novela. Iba a leer un poquito pero pensó en lo que decía Cucusa y ese título le parecía un recordatorio. Volvió paso a paso hasta estar en la última página y escribió: Los quinientos millones de la begum.

La respuesta fue que la contraseña no era correcta. Entonces se dio cuenta de que lo había escrito con las palabras separadas. Escribió entonces: losquinientosmillonesdelabegum y la misma respuesta.

Se le olvidó el consejo de Putana y volvió a hacer otro intento escribiendo ahora 500millonesdelabegum porque así le pareció más a una contraseña. La laptop estuvo un rato buscando y se abrió una página que contenía una tabla con palabras y cifras. Los títulos de las columnas eran: BANCOS, USERNAME, PASSWORD, EMPRESA, PAÍS, SALDO.

¡No era una cuenta bancaria sino muchas, cientos de cuentas, cientos de empresas, cientos de saldos! ¡Y abajo el total sobrepasaba los veinte mil millones! ¡No, los quinientos mil millones! La madre estaba equivocada. Era mucho más el dinero que estaba acumulado. Ángel, aunque tenía poco conocimiento sobre dinero, viendo cuantas veces sobrepasaba la cifra que Angelina le dijo sintió el deseo de apoderarse de aquella fortuna. Si la madre consideraba que mil millones no se acababan nunca ¿cuántos deseos se podrían comprar con más de quinientos mil millones? ¡Nada tenía que ver Piel de Onagro con esto!

Me gustaría que leyera esta novela de amor y aventura que escribo para ti. He puesto todo mi amor y horas de dedicación pero acepto las criticas o agradezco cualquier otra opinión que puedas escribir en la caja de opiniones que se encuentra más abajo.

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