¡Estos indios sí saben de agricultura! (epsodio 31)

26.01.2021

El doctrinero reunió a la gente temprano en la mañana y haciendo señas con las manos les hablaba para ir a quemar. Ellos prepararon las condiciones para algo que conocían muy bien pues lo habían practicado toda la vida. Un grupo de trabajadores buscó manojos de hierbas secas y cada uno tenía los pequeños maderos de algún árbol con el que se hacía fuego con mayor facilidad. Otro grupo, el más grande, preparó grandes escobas con ramajes de otros árboles que no había que buscar muy lejos pues todo alrededor era plena selva. De momento ellos se convirtieron en los guías y habían tomado el liderazgo. Partieron por los caminos y Jesús los siguió. Llegaron al lugar que habían escogido.

Los de las escobas avanzaron primero. Hasta perderse de la vista del español. Después penetraron en un lugar de arbustos pequeños los que tenían los manojos de hierba seca. Hicieron un círculo pequeño en un lugar y comenzaron a hacer hogueras. Pronto aquel pedazo pequeño de matorral se convirtió en un infierno. Los nativos se apartaron halando al doctrinero con ellos. Miraron por la columna de humo hacia donde soplaba el viento y fueron haciendo pequeñas hogueras en sentido contrario pero abriendo en abanico el tamaño del espacio que ocupaban. Los del grupo de las escobas hicieron pequeños fuegos en el extremo hacia donde el viento se dirigía y en esa misma dirección batían para que no caminara hacia atrás. Jesús miraba como un comandante sin mando lo que hacían basado en sus conocimientos. Estaba comprendiendo que en ciertas cosas tenía que guiarse por ellos.

El fuego avanzó rápido consumiendo todo aquello hasta llegar a los extremos donde estaba la contracandela y se apagó. Entonces los escoberos fueron batiendo las pequeñas llamas que quedaban desde afuera hacia el centro con una organización que ya envidiaría el mejor general en una batalla. Cuando comenzó esta fase final el grupo hacía unos pequeños cantos como de guerra y después unos gritos o sonidos con la boca que no eran palabras articuladas. El doctrinero quedó embelesado con la sabiduría de este pueblo y se llenó de admiración por ellos.

A los tres días llovió y Jesús se comunicaba con ellos para empezar la siembra y ellos que vieron las semillas decían su nombre en perfecto castellano. Pero como no podía comprender el resto el doctrinero acudió a Pánfilo como traductor.

-Dentro de tres días -dijo Pánfilo- la luna cambiará a menguante y la tierra estará escurrida. Si se siembra ahora se pudrirán las semillas.

Me gustaría que leyera esta novela de amor y aventura que escribo para ti. He puesto todo mi amor y horas de dedicación pero acepto las criticas o agradezco cualquier otra opinión que puedas escribir en la caja de opiniones que se encuentra más abajo.

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